No tengáis piedad de mí.

Vengo de dejar enterrada mi infancia

En lo más profundo del olvido. Estoy dispuesto.

Darme trabajo, despertador, horarios,

prisas, monotonía, miedos, cansancio.

No me libréis de una sola cadena.

He abandonado a mi niño,

y con el a todos mis niños.

Quiero ser uno mas entre vosotros.

Otro hombre.

Quiero mi yugo exacto,

mi campo de miserias,

mis descansos medidos de alegría.

Estoy roto de sentirme el corazón

en estos instantes,

de llorar por tanta muerte,

tanto frío, tanta injusticia,

tanto odio.

Son demasiados golpes que soportar.

Demasiada tristeza.

Es muy duro darse cuenta de la vida

y yo he sufrido ya bastante.

No merece la pena.

Hacerme un hueco en el vacío

y dejar que me ahogue en vuestra nada.

 

DAVID LORENTE DIEZ