La pregunta sin respuesta
La lluvia ha menguado hasta ser apenas llovizna, diminutas lágrimas dulces que caen rompiendo el espejo de feos formado en la azotea.
Otra vez el cielo tiene para mí esa cara triste, gris.
El aire niño que quiere ser viento y no puede, trae olores de memoria, nostalgias de campos verdes y llanos al otro lado del atlántico.
Enciendo un cigarrillo, encamino mis pasos despacio, hasta verme reflejado en el charco; ¿Qué distancia hay entre esta estampa curtida de soles, silencios y ausencias y aquella cara de niño alegre sonriendo inocencias?
Cierro los ojos para que giren las agujas del reloj hacia la izquierda, para perderme un rato revolviendo los cajones del pasado, haber si encuentro de una vez algo de lo olvidado.
Sentado bajo la espesa sombra del canelo, el olor de los frutales empalaga un poco, se enredan los aromas de los naranjos y limoneros, con el ciruelo y las fresas maduras del huerto.
Le lanzo como siempre la pelota rota de tenis al mancha (este perro nunca dejará de ser travieso) que sale disparado en su búsqueda atropellando todo a su paso y deshojando alguna que otra flor del rosal de papá, esto no le va a gustar cuando se entere.
El abuelo sube el volumen de su radio y la pega más si cabe a su oreja, le molesta el jaleo que tenemos montado por un lado el mancha y yo, y por otro la canción que desafina la abuela mientras cuelga la ropa en el tendedero.
Mi madre apura un guiso en la cocina antes de que se haga tarde, todavía tiene que arreglarse, empieza a trabajar en la oficina a la una y ya son doce y media.
Mis hermanas llegan de repente de la escuela, es tal el alboroto que parece que el día se desarregla, unos minutos de caos que acaban con un grito de mi padre poniendo orden. No tiene muy buena cara, anda un poco disgustado con su trabajo y agobiado por las cuentas...
Se acerca a mi, me rasca un poco la cabeza y dice -hay que estudiar mijito, pà que cuando llegues a grande seas alguien, y no como tu padre. Mira todo lo que hay que aguantar por no haber estudiado,- ¿Qué vas a ser cuando seas grande?, me pregunta.
El abrazo por la espalda de mi mujer me trae devuelta a la azotea, mi niña me comenta que ha parado de llover, y yo asiento con la cabeza.
Me traje conmigo aquella pregunta que un día quedo sin respuesta.
Ya se padre, ya se que voy a ser de grande, voy a ser libre y honrado, voy a ser buena gente, en fin, voy a ser como vos padre.









david mng dijo
wolas!
t espero x mi blog
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1 saludo!
7 Diciembre 2008 | 07:21 PM